
11 señales de intolerancia alimentaria “silenciosa”
¿Hay alimentos que, por muy “saludables” que parezcan, tu piel y tu digestión no toleran del todo bien?
Si notas que no es un episodio aislado, sino un patrón que se repite —picor, enrojecimiento, hinchazón, digestiones pesadas, cansancio— puede que estemos ante una intolerancia alimentaria. No hablo de alergia (que implica una respuesta inmune inmediata y clara), sino de una respuesta dosis-dependiente: cuando superas tu umbral personal a ciertos compuestos de los alimentos, los síntomas aparecen horas o incluso días después.
En dermonutrición esto importa porque lo que ocurre en el intestino se refleja en la piel. Si te identificas, sigue leyendo: a continuación te explico qué señales conviene observar para entender si la comida está participando en tus brotes.
1) Vas demasiadas veces al baño en un día
No es raro que quien sufre una intolerancia fuerte elija restaurantes “por el baño”. La señal más directa suele ser estrés digestivo: dolor, gases, distensión y diarrea, típico del síndrome de intestino irritable (SII). Un grupo de carbohidratos fermentables (FODMAP) está implicado en muchos casos, y el enfoque bajo FODMAP es el más estudiado para reducir síntomas en SII.

2) Dolor muscular o articular crónico y generalizado
La sensibilidad generalizada (estilo fibromialgia) afecta a la calidad de vida y es más frecuente en mujeres. Muchas personas describen que algunos alimentos agravan el dolor. No implica que la comida cause la enfermedad, sino que puede modular su expresividad.
3) La cafeína te pone el sistema patas arriba
La sensibilidad a cafeína depende, en parte, de la genética. Si metabolizas lento, un café cargado puede provocar taquicardia, sudoración, malestar digestivo o subida de tensión. No es manía: es fisiología distinta.
4) Dolores de cabeza o migrañas tras ciertas comidas
La sensibilidad al glutamato (MSG) y otros compuestos puede asociarse a cefaleas, opresión o parestesias horas después. Identificar el QUÉ desencadena —sin demonizar un único ingrediente— ayuda a interpretar esos episodios.
5) Cansancio persistente pese a dormir bien
El cansancio desproporcionado (también a nivel mental/emocional) puede tener múltiples causas. En algunas personas, las intolerancias forman parte del cuadro junto a estrés, inflamación de bajo grado y otros factores.
6) El trigo te sienta mal aunque no tengas celiaquía
Existe un grupo de personas con sensibilidad al gluten/no celíaca cuyos síntomas digestivos recuerdan a los de celiaquía, aunque los mecanismos sean distintos. En parte de los casos, los FODMAP del trigo también explican el malestar.

7) Hipotiroidismo y relación con sensibilidad alimentaria
La mayoría de hipotiroidismos son autoinmunes (Hashimoto). Hay una intersección clínica con celiaquía y anticuerpos tiroideos en un subgrupo de pacientes. Esto no significa que “todo sea el gluten”, pero sí que la alimentación puede modular la foto autoinmune en algunos casos.
8) Leche y yogur te sientan mal
La lactosa requiere lactasa para digerirse. Hasta el 65% de la población mundial tiene algún grado de hipolactasia tras la infancia. El resultado típico es hinchazón y diarrea, con gran variabilidad individual.
9) Tu artritis reumatoide no mejora (y sospechas de la comida)
La artritis reumatoide (AR) es autoinmune. Se hipotetiza que en ciertos pacientes sensibilidades alimentarias podrían amplificar la inflamación articular. No hay cura dietética de la AR, pero explorar el QUÉ desencadena síntomas tiene sentido clínico.
10) Brotes cutáneos tras comidas: eccemas, habones, rojeces
No todo lo cutáneo es alergia inmediata. También hay intolerancias con respuesta tardía: prurito, enrojecimiento o empeoramiento del eczema. Dos sospechosos frecuentes son salicilatos e histamina. La clave no es “prohibir todo”, sino entender el umbral personal.
11) Sabes que una comida con cebolla o ajo te deja fatal
Cebolla y ajo son riquísimos en FODMAP (fructanos) y pueden ser detonantes en personas sensibles. No significa que sean malos, sino que a veces superan tu umbral.
Qué significa todo esto
Una intolerancia no es una alergia. Es una respuesta dosis-dependiente cuando se rebasa tu umbrala ciertos compuestos. Las señales no aparecen siempre al momento y pueden acumularse en 24–72 h. Si reconoces varios de estos en tu día a día, quizá haya una pieza alimentaria en tu rompecabezas.
“Las intolerancias no suelen tener un único culpable: es la suma de contextos y la dosis lo que marca la diferencia.”
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Si te reconoces en varias de estas señales, no es casualidad. Tu cuerpo habla y la comida es, a veces, un idioma más. Entender el QUÉ te evita años de ensayo y error. El CÓMO requiere contexto, método y calma.


